El amor y el perdón.

El amor es un tema que aunque pareciera trillado (o más bien lo hemos hecho así por tratarlo de manera superficial), siempre estamos buscando maneras de expresarlo, plasmarlo, comunicarlo, demostrarlo, sentirlo.
Con todo esto, nos quedamos cortos en tratar de explicarlo.
El ser humano siempre busca definir y limitar conceptos y creo que en el caso del “amor” es difícil que esto se cumpla.
¿Cómo sabemos si estamos en realidad amando?
Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? (1 Juan 4:20 RVR1960)
Nos encanta depositar nuestra entrega hacia lo tangible, y es por esto, que nos cuesta trabajo entender como es el amor y esto, tiene mucho que ver con nuestra relación con Dios, por lo tanto afecta a nuestras relaciones con los demás. (Nuestro prójimo)
En nuestra vida siempre se nos cruza en el camino gente difícil de tratar y que nos representa un reto el poder convivir y sobre todo entender.
En el texto la parte que dice: “Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan 4:20 RVR1960) va muy de la mano de la definición de fe “La certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Porque lo que vemos y tenemos al alcance, no nos damos la oportunidad de amarlo y entenderlo ( a nuestro hermano) ¿Cómo podremos depositar nuestra fe en Dios si no lo vemos?
Todos los días en nuestro diario andar nos rozamos con personas que tal vez no sean de nuestro completo agrado, otras de verdad que nos parecen insoportables. Muchas veces, las personas más cercanas a nosotros son las que más nos lastiman ya que tienen las suficientes armas para hacernos daños. Entonces, inmediatamente pensamos que esas personas las odiamos o que no las amamos. Pero, amar a Dios incluye amar a nuestro prójimo: “Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo.” (Proverbios 27:17 RVR1960)
Quizá es difícil amarlo en lo terrenal, sobre todo es difícil perdonar las grandes ofensas, pero esto no es imposible si consideramos que el amor que debemos practicar es aquel que es a través del amor a Dios, “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.” (1 Juan 4:18 RVR1960) Esto no quiere decir que si alguien te trata mal, estés a su lado permitiéndole herirte. Significa poner límites, pero entender que si Dios tiene misericordia para nosotros, su gracia alcanza para TODOS. Incluso para los que obran mal, la diferencia está en que si nosotros abrazamos esa promesa y la aceptamos en nuestras vidas para vivir con amor. Bajo esta premisa, es difícil emitir juicios, juzgar a los demás, ya que el mismo amor que me justifica a mi, es el que puede justificar al del prójimo. Todos somos imperfectos. ¿Quiénes somos para juzgar? “En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. “ (1 Juan 4:17 RVR1960)
Todos anhelamos ser perdonados y vivir en amor, así Dios que es luz nos quita de la oscuridad y entonces nos da de su perdón. Lleno de misericordia.
Así que tal vez las ocasiones que encontramos a alguien que no es de nuestro total agrado, en lugar de dejarnos llevar por nuestros sentimientos y emociones arrebatadas, pudiéramos recordar antes que si “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. (1 Juan 4:19 RVR1960)” por eso, Dios nos da de su perfecto amor y nos alcanza para todos y para que vivamos en luz, en paz unos con otros. Que aprendamos a disfrutar de nuestras diferencias y enriquecernos, poniendo límites, pero siempre enfocarnos en el amor.
“Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano. (1 Juan 4:21 RVR1960)”

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